¿ALGUIEN HA CRITICADO TU TRABAJO? AQUÍ MI HISTORIA
Hubo una ocasión mientras escribía el libro de Íñigo bajo un árbol en el estacionamiento de la empresa donde laboro durante uno de mis descansos, que se acercó un compañero intrigado para ver lo que yo hacía.
—¿Qué haces Luis?
—Escribo un cuento para mi hijo —contesté orgulloso—.
—¡Que padre que escribas! ¿Puedo leerlo?
—¡Por supuesto! de hecho, debo regresar al trabajo, pero en
dos horas me dan un nuevo descanso, si te parece, un rato más nos vemos y me
das tus impresiones.
Cuando tomé mi nuevo descanso, mi compañero de trabajo
estaba en el comedor de empleados con mi escrito en sus manos, y yo, con una
sonrisa en mis labios me apuré a preguntarle, esperando por supuesto que
alabara mi trabajo: “Y bien, ¿qué te pareció?”
—La verdad no quiero ofenderte —bajó sus ojos un instante y
percibí un extraño gesto sombrío en su rostro. Levantó la vista y continuó con
gran seguridad en sus palabras—, está bien escrito el cuento, pero no me gustó del
todo. Tu personaje es un niño demasiado bueno e inteligente, y en la vida real
las cosas no son así, ni todos los niños son tan buenos, y digámoslo
francamente, no son tan inteligentes. Deberías enseñarle a tu hijo la realidad
de la vida y no fantasías.
Traté de defender mi punto de vista, le dije que mi trabajo
iba dirigido a niños de aproximadamente seis años, que a esa edad la fantasía
es inherente a los niños, y que por supuesto, los niños si son buenos y su
inteligencia no puede ser menospreciada, pero a cualquier argumento que yo decía,
mi compañero parecía tener preparados explicaciones mayores y más lapidarias en
contra del cuento.
Sentí mi autoestima desplomarse. Llegué a casa y me preparé
la cena en gran silencio. Me invadieron cientos de pensamientos derrotistas y
dudas por la cabeza: “tanto trabajo y cariño puesto en escribir un libro que tal
vez no valía la pena”, “además, probablemente este compañero de trabajo ya
hubiese platicado con todos mis otros compañeros diciéndoles que no era tan
buen escritor y ahora todos se reían a mis espaldas”. Se pueden imaginar la
escena.
La verdad me sentía triste, pero debía preparar la clase
para el siguiente día. Ya les he comentado que tenía un segundo empleo, el cual
era maestro de Universidad, (daba la clase de filosofía), y el tema que me
correspondía dar al siguiente día estaba basado en LA REPÚBLICA DE PLATÓN, hablaría
acerca de la educación.
Si no has leído la República de Platón la recomiendo mucho,
resumiré la premisa (sé que esto puede sonar a casi un sacrilegio tratándose de
una obra tan basta y llena de conocimiento, pero solo es para que tenga una
referencia general quien no la haya leído aún).
Este libro de Platón gira en torno de ¿cómo crear la mejor y
más hermosa ciudad? La respuesta es muy sencilla, las mejores ciudades se hacen
con los mejores hombres y mujeres. Y ¿cómo se logran formar los mejores hombres
y mujeres? La respuesta es: se forjan por medio de la educación.
Así que, si la educación es primordial, entonces definamos las
materias en que debemos educar a nuestros hijos, ahí Sócrates propone que una
de las enseñanzas básicas debe ser la Astronomía.
Que haya sido la astronomía una de esas materias, me hizo
sentir un poco mejor pues es un tema que me apasiona y fascina, soy de esas
singulares personas que durante años tuve un pequeño telescopio galileo en el
patio de la casa para mirar las estrellas por las noches y puedo pasar horas
mirando el cielo nocturno en silencio. Pero me estoy alejando del tema que
realmente deseo contar, entonces leí el siguiente fragmento donde SOCRATES reprende
a GLAUCÓN:
“Parece que le temes al vulgo te eche en cara que
incluyes ciencias inútiles en tu plan de educación. Las ciencias que hablamos
tienen una ventaja inmensa, pero que pocos sabrán apreciar… cuando digas esto,
los que piensan como nosotros te aplaudirán, pero no te atengas al voto de los
jamás se han empleado en reflexionar en esta clase de ciencias.”
Entonces sentí que Sócrates me reprendía a mí y no a Glaucón.
Si estaba escribiendo este libro para mi hijo, era con un fin superior, formar
un buen hombre, y del cual no todos sabrán apreciar la enseñanza. Entonces
retomé el libro impulsado por un nuevo fuego interior, y le escribí más
historias donde Íñigo, (Sí, un niño) vence los retos y las adversidades que le
va presentando la vida, b
Luis Gerardo Escobar Magaña
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Vaya vibra de algunos eh, lamento que hayan criticado de tal forma tu trabajo, la sinceridad nunca debe ser justificación para hacer sentir mal a alguien. Tus cuentos son buenísimos y el personaje de Iñigo es hermoso; que niño tan valiente y siempre dispuesto a ayudar a los demás aunque eso signifique el poner en peligro su propia vida! No cualquiera tiene la capacidad de crear un mundo narrativo y ya eso es digno de admirar. Pero, me imagino que son mucho más las historias de personas a las que si les agrado tu trabajo, no es así? 😉
ResponderEliminarYa leí la cuarta parte de la saga, espero puedan actualizar pronto.
Hola, creo que la mayoría de las veces las personas que creo nos hieren, lo hacen sin pensarlo, y sin dolo. Lo que pasa es que tiene ideas distintas a las de nosotros y suelen ser muy competitivos al momento de argumentar, pero a veces no lo hacen con maldad (hay otros que sí, tóxicos al por mayor, que están algo enfermos de su alma debo reconocer), pero el de este compañero quiero pensar que era del tipo que lo hacia por ignorancia del tema.
ResponderEliminarPor suerte siempre esta el consejo de los autores clásicos que te darán ánimos en los momentos cruciales de tu vida.
Por otro lado, ayer ya subimos a Amazon el libro 5 donde la alegría que sintió Íñigo y el Capitán Nuño junto al de todos los marineros de encontrar la ciudad de oro, no tardó en desvanecerse rápidamente, cuando la maldición del Dorado se apoderó de ellos porque cayeron presos de la codicia. Es un cuento con mucha enseñanza. Mil gracias por escribirme ojala un día nos conozcamos.